Recuperación de Monumentos platenses.

Innumerable cantidad de monumentos son agredidos por manos anónimas que destruyen y pintan hermosas obras de arte con el consiguiente gasto para la comuna. Hay una cuadrilla de técnicos dirigidos por el Director de Restauración Urbana Lic. en Artes Plásticas Jorge Ferioli que se ocupan de restaurarlas y ponerlas en condiciones.


De acuerdo a los relevamientos efectuados por la Dirección de Restauración Urbana, perteneciente a la Secretaría de Espacios Públicos de la Municipalidad de La Plata, no son tanto las causas de origen natural las que conllevan un deterioro y degradación del patrimonio escultórico urbano de la ciudad de La Plata, sino precisamente aquellas de origen cultural.

Pintada en el monumento a Raúl Alfonsín en plaza Moreno.


El principal factor, de carácter social, se concreta en diversas formas de vandalismo, pudiéndose observar grafitis y diversos depósitos exógenos que se insertan, colocan o adhieren a la superficie de la obra. En este sentido, los principales elementos hallados desde el momento de inicio de la actual gestión, allá en Enero de 2020, van desde pintura látex, esmaltes sintéticos, sintéticos en aerosol, pigmentos derivados de correctores líquidos, fibrones, fibras e incluso se han encontrado casos donde se utilizó pintura asfáltica.

Pie de monumento a Alfredo Palacios agredido en su base en la plazoleta de 7 y 50.

En este tipo de situaciones tan particulares, los actores sociales inscriben o “dejan” su marca, es decir, su huella, en el espacio público, apuntando a diversas afiliaciones identitarias: desde cuestiones personales (por ejemplo, confesiones amorosas, o las firmas de identificación tales como los grafitis), simpatías futbolísticas (tanto de Estudiantes como de Gimnasia, por igual), manifestaciones políticas de diversa índole, creencias religiosas, entre las más vistas.


Otra forma vandálica que le sucede a la primera, quizás en el mismo nivel de intensidad, es la adhesión de distintos elementos exógenos a las obras, tales como pegatinas, chicles, afiches publicitarios, cartelería, alambres, sogas, residuos e incluso excremento humano (como ocurrió en el perímetro cercado del Monumento a San Martín).
Este tipo de acciones ataca a todos los monumentos por igual, siendo los principales lugares de emplazamientos de monumentos los más afectados:

Plaza Moreno y Plaza San Martín, siendo ambos los centros neurálgicos de las reclamas y protestas sociales y políticas, empleándose los monumentos como soportes de dichas manifestaciones:

El Monumento a San Martín sufrió en menos de cinco meses el acoso de actores que demandaron desde la renuncia de Berni, la campaña por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito, la contestación a dicha campaña de los comúnmente conocidos como “Provida”, la máxima diferencia futbolística conocida en un clásico platense bajo la insignia “7 a 0”, grafitis por doquier, y tantos y tantos de otros etcéteras.

Personal municipal limpiando el monumento, agredido con pintura.


Mientras tanto, Raúl R. Alfonsín en la plaza central de la ciudad, recibió el calificativo de “masón” alrededor de toda su figura, sin haber sido alertadas tales acciones por las guardias nocturnas de los centros de monitoreo y seguridad de plazas y parques. Asimismo, Hércules Arquero no ha quedado indiferente frente a tales intervenciones, siendo literalmente empaquetado con papel de regalo de la noche a la mañana produciendo un efecto más que llamativo y desconcertante.

Entrada a la ciudad, distintas etapas de la restauración y el trabajo terminado arriba a la derecha.

El Paseo del Bosque, con el Monumento a Bartolomé Mitre, aledaño al estadio gimnasista, o las figuras femeninas de Pietro Costa, que debido a sus ubicaciones sin sentido quedan expuestas a la destrucción, el Monumento a Brown que sin su fuente en funcionamiento sufre de los embistes de personas que entran en contacto directo con las figuras en relieve de la columna central;

Sin manos la escultura realizada por Pietro Costa, una obra de arte.

El Parque Saavedra que, con una vastísima cantidad de obras, sobre todo en lo que otrora constituía el espacio cerrado, es hoy día objeto de todo tipo de vandalizaciones.

Entre tanto, otras intervenciones depredatorias le suceden al conjunto patrimonial, dándose formas de mayor gravedad, no por el acto en sí, sino por la pérdida de los materiales originales. Ergo, suelen expoliarse distintos elementos, pero principalmente placas de identificación (colocadas por el municipio en nombre de un proyecto de reconocimiento de las obras), placas conmemorativas de bronce, de hierro fundido, o mármol o cualquiera sea el elemento que se considere pueda llegar a tener un valor de reventa.

El presidente de la Primera Junta sin sus dos manos en el parque Saavedra.

En paralelo, surgen otras formas incluso más nocivas y destructivas, cuando se apunta directamente contra la obra en sí, evidenciándose una enorme cantidad de daños mecánicos, faltantes de dedos, narices y partes salientes de las esculturas, que no son el resultado de factores naturales, sino, como dijimos al principio de este artículo, de origen artificial.

Muy pocos saben que el monumento a San Martín en la plaza del mismo nombre estaba en peligro de derrumbe, la labor del personal municipal restauró la valiosa pieza del libertador.


A lo largo de la historia platense, los expolios y los robos de patrimonio mantuvieron cierta tónica, lo que produjo la pérdida de la mayoría de los bustos originales que realzaban y le otorgaban valor a las plazas cuyos nombres eran homónimos: Sarmiento en Plaza Sarmiento; Güemes en Plaza Güemes; Irigoyen en Plaza Irigoyen (este último recuperado a partir de un proyecto de la UCR, que junto a la mano pródiga del escultor Carlos Benavidez, reimplantaron un nuevo busto en el 2019, en el mismo pilar donde el primero había sido robado).

La cuadrilla municipal en plena reparación en la Plaza Irigoyen y a la derecha el trabajo terminado.


Desde el punto de vista político, ha cesado el repinte de los basamentos, que durante gestiones anteriores adquirían el color simbólico o de la gestión municipal de turno o de la provincial. A partir de las investigaciones históricas, se han podido establecer criterios de intervención que permiten darle reversibilidad a dichos procesos, y volver a recuperar los planteos artísticos y patrimoniales auténticos.

Reloj de 137 y 60 agredido y a la derecha el trabajo terminado, hay que tomar conciencia del gasto que ocasiona mantener estos monumentos, que a veces son vandalizados nuevamente.


En conclusión, a partir de tales aseveraciones que no hacen más que ratificar el estado de riesgo en que se encuentra el patrimonio cultural platense, se convoca a un espacio para establecer ciertas reflexiones que ayuden a la valoración y a la estima social de los bienes culturales que la ciudad y su comunidad detenta:

  • En primer lugar, entender lo público como una extensión de lo privado, y en ese sentido, preservarlo por igual. En este sentido cabría una pregunta basal: ¿Por qué lo público no se cuida como lo propio?
  • En segundo lugar, generar instancias educativas que permitan conectar el patrimonio con las generaciones más jóvenes.
  • En tercer lugar, intervenir constantemente las obras tras su vandalización. Esta es una política que viene estableciendo la Dirección de Restauración Urbana desde enero del 2020: “a cada acción vandálica le llega su respuesta en forma de resguardo, conservación y salvaguarda”.
    Quedan, seguramente, muchas aristas por tratar, sin embargo, es momento de pensar introspectivamente para entender que el patrimonio nos representa; y que si se destruye no sólo se invisibiliza la historia sino una parte (vertebral) de nosotros, esto es,
    Nuestra Identidad.