Algo de Poesía

 

 

Entre Ringuelet  y Tolosa, mis recuerdos.

El fantasma del tren estacionado En los galpones abandonados de Tolosa Trajo a mi memoria aquella infancia La escuela 31 de primaria, las mil casas, El puente de acero y el tranvía. De la gente sentada en la vereda Viendo pasar la vida día a día.

Y los días pasan y aquellos días quedan.

Y vuelven los recuerdos a golpear Las puertas cerradas de mi vida Las abro y como punto de partida Una luz me lleva de paseo Balanceándome pié más pié por una vía Bajo la atenta mirada de mi abuelo Que apoyado eternamente en el tapial Controlaba uno por uno nuestros juegos.

Y los días pasan y aquellos días quedan.

Las plantas de laurel y mandarinasEl galpón del abuelo y el Bar de Fermín y Flora, Donde entre juegos de cartas y ginebras, O presenciando algún partido de bochas Pasaban sus clientes horas tras horas.

Y los días pasan y aquellos días quedan.

El aroma exquisito y penetrante de las pizzas de la Casa Freddy, las travesuras de cortar las tunas, los duraznos de Emir...las bergamotas. La farmacia Catalá y la Estafeta Y la angostura de la calle 7.

Y los días pasan y aquellos días quedan.

Y los veranos de tilos y eucaliptos Y los inviernos de calles embarradas Y primaveras de alfalfa y mariposas Que no regresarán pero han quedado En el rincón donde los guardo,

Entre mis mejores cosas y mi alma.

Cristina Alfano

 

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¡Avanti!


Si te postran diez veces, te levantas
otras diez, otras cien, otras quinientas:
no han de ser tus caídas tan violentas
ni tampoco, por ley, han de ser tantas.
Con el hambre genial con que las plantas
asimilan el humus avarientas,
deglutiendo el rencor de las afrentas
se formaron los santos y las santas.
Obsesión casi asnal, para ser fuerte,
nada más necesita la criatura,
y en cualquier infeliz se me figura
que se mellan los garfios de la suerte...
¡Todos los incurables tienen cura
cinco segundos antes de su muerte!

Pedro B. Palacios (Almafuerte)

 

 

 

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Reto

Si porque a tus plantas ruedo,
como un ilota rendido,
y una mirada te pido,
con temor, casi con miedo.

Si porque ante tí me quedo
estático de emoción,
piensas que mi corazón
se va en mi pecho a romper,
y que por siempre he de ser
esclavo de mi pasión?

Te equivocas, te equivocas,
fresco y fragante capullo,
yo quebrantaré tu orgullo,
como el minero a las rocas.

Y si a la lucha me provocas,
dispuesto estoy a luchar,
Tú eres espuma y Yo mar,
que en sus cóleras confía.
Me haces llorar, pero algún día,
Yo también te haré llorar.

Y entonces, cuando rendida,
ofrezcas toda tu vida,
perdón pidiendo a mis pies,
como mi venganza,es infinita en sus excesos.

Sábes lo que haría en esos momentos de indignación?

Te arrancaría el corazón,
para comermelo a besos.

Julio Flores, Poeta Colombiano.

(enviado por Daniel Ruiz May)

 

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Ernesto Sabato


Provinciana Rojas
nació
y vehementemente
estudio
y científica física
se doctoró
en la diagonal rochense
lo conoció
la ciudad luz
lo recibió
vocación literaria
sobresalto
cataratas manifestadas
en el inconsciente
resucito
Pedro Henriquez Ureña
profesor y amigo
impregnado de lirismo
os ayudo
uno y el universo
nació
la pluma en sur
escribió
colaborando en publicaciones
con tesón
novelas y ensayos
brotaron al por mayor
siendo predilecto
el homo de hoy
las constelaciones de lectores
leyó el túnel
que el galo Camus
entusiasmo
al fin congratulaciones
os dio
de tantas vueltas que dio
por fin triunfo
sobre héroes y tumbas
germino
luego de extensos e intensos
trabajos de maduración
reverdecio
la magistral vida
con su empírica
catedral
pinceladas multicolores
un hermoso
óleo os pinto
a Ernesto Sabato
el gran señor.

Alberto Scarvaglieri
 

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Benito Lynch

Fray bentos, nacio
a los seis años se traslado
a la estancia el deseado
que el deseo
en Bolivar crecio
a La Plata llego
con el periodismo se cautivo
en el dia trabajo
diagonal 77 entre 8 y 9 vivio
el jockey club frecuento
cochechas de amigos,cultivo
seis novelas publico
y ciento veinte cuentos pario
toda su obra tiene un signo comun
el campo que tanto pero tanto amo
palo verde, la evasion
el potrillo roano,el antojo de la patrona,
locura de honor
muchos tocan diversos temas
amor, honor y humor
los caranchos de la florida
se creyo que la obra
a un yanqui le escribio
pero fue el...el escritor
plata dorada biografia autorizada
raquela moza buena
el gaucho montenegro
disfrazado pero...bueno
mister James de los huesos
conocio a la negra
ser indefenso e inocente
pasion, amor y muerte
juegan abiertamente
el romance de un gaucho
madre e hijos peleados
doña Cruz y Pantaleon Reyes
amor y rencor se desnudan
rapidamente
Benito Lynch... el fue
del gaucho... cantor
valiente y trabajador.

Alberto Scarvaglieri

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Amor eterno

Podrá nublarse el sol eternamente;
Podrá secarse en un instante el mar;
Podrá romperse el eje de la tierra
Como un débil cristal.
¡todo sucederá! Podrá la muerte
Cubrirme con su fúnebre crespón;
Pero jamás en mí podrá apagarse
La llama de tu amor.

Gustavo Adolfo Bécquer

 

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Solo por ti


Eres del alma la ilusión vendita,
Su esperanza, su bien y su tesoro
Por quien a solas con afán se agita
Y ardiente y loco el corazón palpita
Diciendo a voces sin cesar te adoro

En mis en sueños de placer te miro
Tierna, apacible, espiritual y bella
Y si al sentirme junto a ti suspiro,
Y con las ansias del amor deliro,
Es por la luz que tu mirar destella.

Cual la perla en el fondo de los mares,
Vive escondida en nacarado lecho,
Así, despacio, en calma y sin azares,
Para aliviar mis llantos y mis pesares.
Llevo tu imagen en mi amante pecho

Fijo en tu ser el pensamiento mío
Sueña y te adora en ciego frenesí
Y en medio de mi eterno desvarío
Amo la vida y su esplendor ansío.

Autor anónimo (enviado por Guardian)

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Te miro


Te miro y te admiro
tu rostro al dormir.
Te siento perfecta,
te veo reír.

Te miro y te admiro
me siento feliz.
Tu boca rosada
se entrega ante mí.

Tus mejillas rojas
me miran gentil.
Tu rostro entre sombras
se siente febril.

Y tú no me sientes
pero estoy aquí;
velando tus sueños,
cuidándote así.


Eduardo Sebastianelli

 

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Nosotros


Somos siempre nosotros,
Los que miramos al mundo,
Los que nos alarmamos,
Los que siempre luchamos
Doblegando las fuerzas
Con las manos abiertas
Y no nos atamos a ninguna creencia.

Somos siempre nosotros
los que armamos la vida,
nos rodeamos de flores
evitamos la envidia,
separamos espinas.
Somos las armas del poeta,
cazadores de sorpresas.
Eso somos nosotros.

Eduardo Sebastianelli

 

 

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Luz amarilla ante sus ojos

 

Amor recíproco. Besos, abrazos, caricias. Dulces miradas. Tiernas palabras.

Aquel sentimiento que los unía fue creciendo día tras día, hasta llegar al punto de sentirse en un paraíso terrenal.

Cierta vez, sorpresivamente, las palabras se endurecieron, las miradas perdieron su brillo. Pero el amor seguía viviendo.

Una discusión había provocado este cambio.
Se preguntaban por qué en ese momento, en que la felicidad había llegado a ellos.
¿No será quizás, un semáforo colocado por Dios ante sus ojos?

¿No será, tal vez, una luz amarilla que desea detenerlos unos instantes para que mediten sobre toda la dicha que poseen y que pueden perder en un segundo, si avanzan inconcientemente?

Si atraviesan esa calle sin pensarlo puede suceder una fatalidad. Pueden lastimarse, y aún más, perder lo más preciado que poseen: sus sentimientos.


Elízabeth Lencina

 

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Arrepentido


Si solamente hubiese...
soñado hasta el presente
y al despertar supiese mi pasado
cuantas cosas del ayer yo cambiaría
como ser mi andar precipitado.
Muchas cosas quizás ni existirían
a pesar que pasaron a mi lado.
Tantas cosas pasaron por mi vida.
Tantas otras han dejado su legado.
De cuantas me he arrepentido.
Pero de conocerte a ti mi Vida, jamás
siempre a tu lado...

Eduardo Sebastianelli

 

 

 

 

Ciudad de La Plata

Masónicos símbolos
signan tu destino
Hermosos palacios
con cívica vida
pusieron el brillo
de la gran Ciudad.

 

No fue lentamente
que se hicieron barrios
de un solo plumazo
se creo Capital.

 

Del bosque, el paseo
sereno su lago
ilustre el museo
ese que a Ameghino
lo vio allí pasar.

 

Merodeando el puerto
llegaron costumbres
de lejanas tierras
marcando así el sello
de esta mi Ciudad.

Tilos y naranjos
que vieron el paso
de la estudiantina
por la facultad
la que tuvo frutos
como Favaloro
que aportó a la ciencia
ese gran caudal.

 

Ciudad de La Plata
crisol de estudiantes
cuna de poetas
de todos los tiempos
que como Almafuerte
le dieron el soplo
de su libertad.

De grana los muros
en la catedral...
Con tus diagonales
y aires pueblerinos
quiero recordarte...

 

Por eso te digo
Ciudad de La Plata:
- ¡Ya no crezcas más!...

Margarita Morales

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Flora

 

Flora ... Cloris ... visión de una diosa
surgiendo cual grácil imagen preciosa;
tras las huellas tenues de sus pies descalzos
abren sus corolas los lirios, los nardos.

Suave, encantadora, sutil galanura
desleída en lánguida levedad de espuma,
como el transparente roce de las hadas,
ninfa de las Islas Afortunadas.

El Céfiro errante que amó su hermosura
sorprendió sus pasos entre los jardines,
imitando el vuelo de los querubines

y atrapó su esencia en eterna frescura,
le asignó un Imperio que la definiera,
haciéndola madre de la Primavera.

Elcira Laura Reynoso

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Es la vida

En este largo camino que es tu paso por la vida,
día a día aprenderás algo nuevo.
Si te quedas en lo anterior,
no modificarás nada en cada trayecto.
Serás como un vegetal que nace, vive y se marchita
sin haber cambiado nunca de lugar.
No serás un vegetal, si a diario ejercitas tu mente.
Sentirás que la palabra frustración no es lo mismo que fracaso,
y que ante lo adverso debes cambiar.
No actúes solo con astucia, hazlo con creatividad e inteligencia.
Así lograrás interactuar con los seres que hoy te tocó estar.

Graciela Elba Laferrara

Tengo. DOC (Catorcealogo por la Paz)

Tengo una sola madre

LA NATURALEZA

Tengo un solo padre

DIOS

Tengo una sola bandera

COLOR BLANCO RENDICION

Tengo un solo país

EL MUNDO

Tengo una sola frontera

LA QUE UNE

Tengo una sola religión

LA VERDAD

Tengo un solo idioma

LA MUSICA

Tengo una sola raza

LA HUMANA

Tengo un solo camino

EL DESTINO

Tengo la mayor riqueza

LA SALUD

Tengo un solo orgullo

SER IMPERFECTO

Tengo una sola casa

MI CUERPO

Tengo una sola guerra

VENCER LA ENFERMEDAD

Tengo un solo motivo ...... AMARTE

Dr. Pablo Barral Steiner

DEL LIBRO : Poetica Psicopatogenica (ISBN)

Brisa


Llega a mis sie
nes, tímida, temblando,
tan perfumada como un rosal
la tibia brisa, su andar es blando.
¡Primer suspiro primaveral!

Llega tan suave, tan dilatada
cual de la linfa el correr fugaz,
o de la amante ruborizada
púdica y suave pasión veraz.

 

Cuando en mi pecho, tierna se posa,
bebo su tierna tribulación,
entonces, dicha un instante goza,
pobre, dolido, mi corazón.

Pedro B. Palacios (Almafuerte)

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Aprendiendo

Aprendí a olvidarte
aunque el brillo de las estrellas
me recordaba tus ojos.
Comencé a borrarte de mi vida
a pesar de que la luna me traía tu imagen.
Te hice a un lado de camino,
aunque
tu voz sonaba en el aire.
Fui apagando tus besos,
a pesar de que el veneno colmaba mi boca.
Partí en dos tu fantasma,
aunque él seguía rondando en mis sueños.
Empecé a no sentirte, a pesar de que tus caricias
Revivían en mi piel como un fuego.
Y no Fue la lluvia ni el tiempo lo que me impulsó
A no esperarte,
fue que mi vida se aparto de la tuya,
Cuando vos me olvidaste.

Agustina Ordoqui

 

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Rima LI

De lo poco de vida que me resta
diera con gusto los mejores años,
por saber lo que a otros
de mí has hablado.

Y esta vida mortal, y de la eterna
lo que me toque, si me toca algo,
por saber lo que a solas
de mí has pensado.

Gustavo Adolfo Bécquer

 

La mirada en tu cuerpo

Cuando recorro con una mirada
Los destellos de tu cuerpo
Veo tu excelsa figura
Y no puedo dejar de admirar
La perfección de tus contornos

Mis manos desean poseer
Tu virginal encanto
Y tu irradiante pureza
que me alienta a suplicar
El carmín de tus labios

Tu cabello que cae como cascada
Sobre tu cuerpo virginal
Me enerva infinitamente
Sentenciándome a vivir
Imaginando el dulce de tu piel

El suave roce de tus manos
Se asemeja a un pétalo de rosa
Que al tocarme, me enerva
Me emociona, me crispa
Y me enamora

Y si comentamos sobre tus ojos
Solo podríamos decir que son bellos
Que me iluminan cuando me miran
Y que me torturan
Cuando parecen ser de otro
Toda tu eres bella
Tus palabras, tus pensamientos
Tu ternura, tu inteligencia
Y hasta el tono de tu voz
Me parece adorable

Imagino las perlas de tu sonrisa
El brillo de tu boca y de tu piel
Tu fragancia, tus caricias
Tus ansias, tus temores
Y tu inocencia guardada

En fin, el saber que te amo
Y que algún día serás mía
Me mantiene vivo
con la esperanza de recorrerte toda
y descubrirte por mi mismo
aunque ahora
solo lo imagine.

Esme (natural de México)
 

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Poema a la ciudad de La Plata

Allí estaba
Dardo Rocha se llamaba
un día de 1882
la piedra fue colocada
aplausos y vítores
se escuchaban
una multitud aguardaban
celestes y blancas banderas
flameaban
el himno nacional
cantaban
había lágrimas
la emoción los embargaba
creció... creció... creció...
los años pasaban
nació la catedral
divinamente deseada
plaza Moreno
inmensa y amada
la municipalidad
de fachada soberana
el museo
de especies aceptadas
el puerto
de blancas aguas
enamoradas
la estación de tren
de melancólica silueta
perfecta y soñada
el zoológico
con animales de
belleza extraordinaria
si Dardo Rocha te viera...
se llama...La Plata
la ciudad adorada
capital provincial
de la Buenos Aires
conquistada.

Alberto Scarvaglieri

 

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Rima LIV

Cuando volvemos las fugaces horas
del pasado a evocar,
temblando brilla en sus pestañas negras
una lágrima pronta a resbalar.

Y, al fin, resbala y cae como gota
de rocío al pensar
que cual hoy por ayer, por hoy mañana,
volveremos los dos a suspirar.

Gustavo Adolfo Bécquer

Huellas

Yo no sé si los puntos suspensivos
son la duda quieta
y el hueco en la arena
es el amor sin sol
como un principio estirado en punta
y la impresión espasmódica
del día mudo en que
me fui para atrás
en estrías de luz para atrás
sin orilla, sin manos, sin bordes
hacia atrás.
Pero qué nostalgia el clavo
de la risa
y que estés en el hueco perfecto
de tu cuerpo en la arena;
que vengas despacio,
lejos del viento y digas
mi nombre o lo silbes en clave.
Mientras tanto, un gesto,
una rama, el olor de la tierra
y la plaza helada
del invierno cuando no estás
y los pies que pisan
otros pies que se fueron,
y es líquida la pena de no verte
en el hueco simétrico de la arena
de tu cuerpo.
Nada es promesa: es.
Toco el dolor en punta.
Nada viene: fue.
La noche es lo que no escribo
porque late.
Te extraño;
será que perdí el miedo
de andar descalza
sobre la lava.


María Laura Fernández Berro

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Mis niñas


Flota en la bañera toda la ilusión
de ir navegando en barco a vapor
con el jaboncito hacen el timón
y una barricada contra la opresión.

Juegan en la cama, como en un tractor
encierran en las cajas al lobo feroz
y cuando se encuentran en dificultad
llaman a retiro con facilidad.

Juegan en la casa por cualquier lugar.
Hacen los desastres de cualquier rufián.
Ellas se convierten en esta canción,
una es un pimpollo, la otra una flor.

Cuando por las noches vamos a dormir,
ellas con sus charlas se hacen sentir.
Pero cuando duermen, flota la ilusión,
son los angelitos que ha mandado Dios.


Eduardo Sebastianelli


Prefiero el guardapolvo blanco a andar camuflado.

Prefiero andar descalzo

Que con botas.

Prefiero estar desnudo

A uniformado.

Prefiero caminar

A desfilar.

Prefiero equivocarme

A no hacer nada.

Prefiero cantar

A llorar.

Prefiero lo reciclable

A lo descartable.

Prefiero tomar mate

A fumar.

Prefiero reflexionar

A reaccionar.

Prefiero curar

A matar

Prefiero amar

A odiar.

Dr. Pablo Barral Steiner DEL LIBRO : Poetica Psicopatogenica (ISBN)

 

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Teatro Argentino

Vinieron a buscarlo
las bramas de la luna
para enhebrar con sus cenizas
un arco iris de fragor y angustia.

Para robar sus ecos
Y abrasarlos
más allá del espacio
donde Dios ilumina.

Vinieron los espejos australes
De la luna para copiar
Sus ídolos de incienso
sus secretos
sus fugas.

Y las voces
ceñidas de leyenda
amusadas al tiempo,
entonaron astillas
en su sombra.

Vinieron a buscarlo
los codiciosos duendes
de la bruma
para hurgar
su misterio de belleza.

Y su historia
y su alcurnia
y se trizó
la felpa de su sangre
y un corazón de luces
herido en el desierto de la tarde,
gimió en silencio y se partió
en penumbras...

Vinieron a buscarlo las claves
de la luna para instaurar su pulso allí,
donde la muerte tiene
sonido
forma
ardor
textura.

Tierra del alma
donde la eternidad callada
buscaba desde siempre
la raíz encendida de la música.

Estela Calvo 18-10-1977

A la vida

Introito . (Sextilla)

Ya me ha visto la batalla

La tragedia de las horas

Cantando por las auroras

El ditirambo natal

De este paso celestial

Que te habita donde moras.

I (sextilla).

O me poso de rodillas

Como en un témpano bravo

Y me hundo donde socavo

La arteria de mi existir,

Cuando trato de vivir

Como el bastón de un esclavo.

II (sextilla).

O anuncio con las palmadas

Que llega este tren copioso

De sueño y paso donoso

A compás de batucada

Cuando anuncia mi llegada

La exaltación del reposo.

Epílogo (sextilla).

Los idóneos me gritaban

Que cuando te vea viera

Y a escasear con la quimera

Otra vez no se atrevieron

Porque conmigo sintieron

Que la muerte nunca espera.

Vox post mortem (versos libres).

Los doctores que intentaron

Salvarme del entierro,

Con su ciencia cortan,

Carne de matadero.

Los copistas que copiaron

Versos para mi descanso

Y los recitaron en mi reposo

De verde cardo santo,

Hoy entonan

Cantos, en procesiones cantados.

Omar A. Falabrini 29-4-09

 

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  Poema Presentación

Nací en humilde región,
por “7”, atrás de la vía,
cuando la rambla tenía
un frondoso corazón.
Los tilos, como un mojón,
soplaban la suave brisa
en la pared y en la tiza,
llegando a “74”,
de aquel “2.024”
de la familia Berisa.

Puedo contar esta noche
que el “pobre” del barrio aquel
fue un cometa de papel
en un ciclón de derroches…
De vez en cuando algún coche
sobre la calle empedrada,
dejaba a la animalada
corriendo atrás de sus pasos;
mientras la luna, algún lazo
de amor, a ciegas tiraba.

Nací con la “franja” al pecho
allá en el “53”
y me envolvió la adultez
de un hogar de bajo techo.
Con dos baluartes derechos,
modelos de aquella era;
fui acorazado y ribera,
fui pétalo y colibrí…
¡Y si alguna vez sufrí,
lo debo a una vil quimera!

Las transversales sombrías
de esa avenida famosa
eran de tierra arcillosa,
pero en fin… ¡la tierra mía!
El bar, la panadería,
los carnavales, la plebe,
el campo escarchado en nieve,
el potrerito de “8”,
el rojinegro “18”
y el azul “79”.

Es que después de algún tiempo
volví…, como vuelven todos,
semi escondido en el modo
de palpar el sentimiento.
En un andar algo lento
fui recorriendo las rejas,
mi puerta de hierro, añeja,
y aquel pasillo tan largo
donde aún resuena un “¡Eduardooo!”
cuando me llama la “vieja”.

Ya transportado en la historia
traje a los grandes amigos,
y algún puñal, cruel testigo,
de malogradas victorias.
No siempre alcanza la gloria
ser razón para gozar;
es necesario avanzar
por el correcto camino
para cumplir el destino
que Dios nos marcó al llegar.

Después crucé a los impares,
por la casa del “Doctor”,
inmensa ayer…, hoy señor,
común como las vulgares.
Sentí los aires termales
de calurosos estíos,
mas desde el cariño mío
al evocar los “ausentes”,
sobre la piel de repente
me corrió un escalofrío…

Imaginé en las veredas
cómo y cuándo se plantaban;
en cada puerta forjaban
verdaderos “Centinelas”.
¿Adónde sus almas buenas
habrán volado a reinar,
con esa gracia sin par
y su frugal sencillez,
que en la memoria, esta vez,
ya no los puedo encontrar?

Yo soy de la “Villa Elvira”,
fondín “Circunvalación”,
sentado al pie del cordón
fue transcurriendo mi vida.
Desde mi cuna sentida
la convicción de querer
me instó a buscar la mujer
que con el tiempo me diera,
cual brotes de primavera,
tres vástagos de su ser.

Rememoré, les decía,
mil gotas de roja sangre
de amigos que, por el hambre,
entre penurias crecían.
También los lejanos días
de la Escuela “84”,
la cancha de calle “4”,
el barrilete de “80”,
y la mortuoria osamenta
de un “pingo” en “74”.

Fluyeron casi solitas
detrás de indeleble velo,
la “Pulpo”, alzándose en vuelo,
Baltasar… y las bolitas;
el trompo, las figuritas,
y el hoyo pelota, rudo,
el cañizal y el verdugo
de la alpargata en la palma…
Que hasta una perla del alma
cruzó mi semblante duro.

¡Con qué placer volvería,
me dije, al antiguo barrio
si yo supiera que en barro
mis piernas enterraría!
Bajo la noche sombría
volver de nuevo a asistir
a aquel que se fue a vivir,
mascota fiel, a los cielos,
y que esperó en su desvelo
mi mano para partir…


Habiéndoles presentado
parte de un sueño vivido,
dejo lugar al sentido
de juzgar y ser juzgado.
De mi corazón he dado
lo que el logró concebir,
y sin temor compartir
como lo dicta el papel,
lo puro que existe en él
para poder recibir.

Por eso vuelvo en el tiempo
así, como lo hacen todos,
semi escondido en el modo
de palpar el sentimiento.
Y ya al acercarme… siento,
llegada la madrugada,
sobre la puerta de entrada
de aquel pasillo tan largo,
que en mi alma suena un “¡Eduardooo!”
cuando la “vieja” me llama.


Eduardo Berisa
(Cedido gentilmente por su hermano Carlos Alberto Berisa)

 

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 Mi Barrio

Mi barrio...
Las veredas anchas
de baldosas flojas...
una lluvia de abajo al pisarlas
y un sonido verde de los tilos,
me llevan a la esquina...
El almacén... la panadería
abren sus fauces y corro hacia ellas
para robarme un terrón de azúcar
y toda la alegría...

En el otro extremo de la cuadra
la barba blanca y judía de Simón...
mi amado Simón...¡el tenderito!
con la ropa blanca en las estanterías...
y más allá... a la vuelta,
el rechinar de las ruedas del tranvía,
con el tano en la manivela,
su campanilla ...
añorando tal vez a su amada Sicilia...

Mi barrio...
En las noches de verano
más de un vecino sentado en su banqueta
contempla la luna y las estrellas
desde la puerta...
y un crujido de rieles rompe el encanto...
¡es el tranvía que viene!
rozando los adoquines...

Mi barrio...
Con aroma a verde
y sonido dulce
del terrón de azúcar
que llevé a mi boca...

Celina Gamboa

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Arboledas

En La Plata, en cada rincón o sombra,

por arriba de las casas, en el aire oblicuo de las esquinas,

en el polvo antiguo de las estatuas o durmiendo como duerme la noche en el alma,

siempre hay una acacia que sale a recibirme, y detona sus fuegosfríos, de pronto, de espuma y sal;

un arce que se eriza ante mis pasos con sus pelos de escoba,

y aquél, el tilo que me sirve el té en su tacita

y arrea sus medusas con mi pecho

cuando el jacarandá rasga el cielo

arriba de su escalera,

y nubes y rocío violáceo

tiñen mi rostro con lágrimas de acuarela,

y la magnolia, ah, cómo no quiere olvidarme de ella, la rosa de mazapán

junto al alcanforero que acude a verme con sus bototos,

y desnudando va sus pequeños frutos negros como los ojos de un colibrí,

pero que son tuyos, compañera,

y me miran,

y no me dejan hacer, sino multiplicar con tus hojas las calles,

las hojas azulinas que tienen un sonido sin tiempo, y no se envejecen

y no se existen tampoco

entre las faldas de la primavera.

Centenares de árboles en La plata

y en algo a ti descansan,

en un puro amor infinito a tierra y a estaciones definidas.

 

Gonzalo Maire

 

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Allá, Justo en mí Barrio

Ayer, al levantarme, debajo de la puerta,
hallé una propaganda en un papel de obra:
“¡Muy pronto, Magic Shopping!... Insólitas ofertas,
tres patios de comidas, las 24 horas”.

¿La calle?..., allá en el barrio, el de los más sufridos:
el Comité, La Octava… El de la rambla angosta.
No había un edificio; no lo hay… Es un surtido
de nidos familiares, de casas petisonas.

La Iglesia, bien modesta; aún van los más constantes
a dar y a arrodillarse para que la limosna
escasa se propague y vuele por los aires
para alcanzar la puerta de los que tanto imploran.

En el papel rezaba: “¡Tarjetas, playas, cines,
los precios más baratos, control a toda hora!
¡Seguridad extrema y juegos infantiles,
para que las mujeres recorran y recorran…!”

Y yo pensé en mi abuelo…, paseando a la mañana,
alzando los tornillos, cuando en la calle a solas
alguno los tiraba porque los desechaba,
y el “viejo” se agachaba para engrosar su bolsa.

Dicen que en pocos meses demolerán sin tope
y expropiarán con creces para iniciar la obra;
pondrán grandes carteles con focos de colores
allí donde aquel tilo solía darme sombra.

Justito en el boliche, donde compraba el vino
que en grandes bordelesas Don Agustín y esposa
guardaban sigilosos, pondrán un corralito
con trenes de Corea y máquinas niponas.

Allí, donde Maruja el vino derramaba
secando en el momento las tablas, gota a gota,
no existirá el embudo, ni la jarrita, nada…
En ese punto justo, pondrán una gran góndola.

Lo miro y no lo creo. No sé por qué me tiembla,
si es un papel apenas… ¡Quizás sea una broma!
Porque sino… ¿qué harían con esas casas viejas
mis ojos que las llevan como preciadas joyas?

¿Adónde ubicaría en mi memoria activa
al verdulero hablándole sonriente a la patrona:
“¿Prefiere verdurita, cebolla de verdeo?
Elija, que va gratis… ¡Adiós, mi buena moza!”

Allí, donde relumbra la ligustrina verde,
y Grecco se sentaba de frente a las personas
que por su gris vereda pasaban y pasaban,
allí se alzarán juegos con luces giratorias.

Demolerán el muro que da a la calle 7,
y luego, más adentro, la sólida casona,
con pisos de madera y techos contra el viento,
paredes de cuarenta, de piedra símil roca.

Serán para ese entonces, si cumplen lo que dicen,
apenas unas piedras que en el ambiente sobran,
escombros simplemente para las garras crueles
que arrancarán tenaces vivaces topadoras.

¿Y quién les dirá “¡Alto!”? ¿Quién rogará que esperen?
¿Quién le pondrá un peñasco al lagrimal que llora?
¿Por dónde mis amigos escaparán al monte,
si ya no habrá ninguno, en la exclusiva zona?

Ni aquella esquina mía, en donde los domingos
sentados sobre el filo de una pared tristona
hablábamos de fútbol como si acaso fuera
muy fácil hacer cinco y rechazarlas todas…

Aquella esquina mía… ¿Adónde apuntaría
con su perfil agudo? ¿Adónde daría sombra
cuando los rayos jueguen buscando el escondite
y solos y perdidos se encuentren en la obra?

Ya no estará el carniza, ni el diestro panadero
que a veces renegaba cuando faltaban roscas;
no pasarán quiniela, ya no vendrá el lechero,
el pescador -¡qué triste!- se quedará sin costa…

El eco de los pibes jugando a la escondida,
al trompo, a la bolita, la mancha venenosa.
¿Por dónde volaría, en esa playa fría,
acostumbrado al barrio que siempre lo rebota?

En el panfleto dice: “¡Ya llega el Magic Shopping!”
Es un papel apenas… ¡Quién sabe sea una broma!
Porque de ser posible, seguro que una noche,
al visitar mi barrio, me pierda en una góndola…

Eduardo Berisa (Cedido gentilmente por su hermano Carlos Alberto Berisa)

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Claroscuro


Siempre me produjo terror el Barroco
por su patetismo desmedido, raro,
violento contraste de luces y sombras
de un ilusionismo visual agitado.

Fastuosas pilastras y entablamentos,
fachadas que avanzan por sobre la nada,
con retorcimientos de efecto dinámico,
con contorsionadas columnas ornadas.

Vanos, balconajes, frontones, celajes,
profusas volutas en los laterales,
ocultos edículos con su lucernario
como iluminando ténebre escenario.

Triunfal predominio de la línea curva
destaca relieves, impone espirales,
áreas alabeadas, formas treboladas,
cúpula horadada en las catedrales.

Estatuas magníficas, como suspendidas,
con huracanadas pleguerías volantes,
semejando móviles poses y ademanes
en sabio manejo de masas flotantes.

Toda esa ampulosa expresión delirante
y lo escenográfico de su perspectiva,
como si quisiera abrazar el espacio
en impresionante actitud sorpresiva,

acaso surgiera desde el inconsciente,
como un arquetipo trágico y cambiante
que traduce todo lo que es relativo,
en desequilibrio y lucha constante.

Por lo inasequible, por lo ilimitado,
por lo fragmentado e inconmensurable
da conmocionante valor al vacío,
vértigo inherente a lo inalcanzable.

Imagen dualista y existencialista
donde se reflejan grandeza y miseria,
donde vida, muerte, temor y esperanza
confluyen en síntesis como una sentencia.

¿Es pompa vacía, recargado estilo
que juzgaran vano, fatuo e inverosímil
o visión de gloria de planos grandiosos?,
¡...genial pesadilla que soñó Bernini!.

Elcira Laura Reynoso

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Desnudo sobre la hierba

Llevé mis pies a andar descalzo, a pisar sin memoria el susurro que dejan las ramas caídas, a oír por primera vez el seco latido que los árboles hacen al amanecer,   

pero en cambio, allí tú como una provincia nueva, te hallé en la claridad buscándote, oscura en el fondo súbito,

y propagando sin límite las ovejas mansas remotamente de su hora, tejida eras como un viento de maíz, infinidad silvestre,

como los ojos del bosque y el peine del otoño;

y es que eso me pareces, en eso estallas,

e interminable y dicho, te conocí y ahora vuelvo

desnudo sobre la hierba, a respirar el aire que tiene labor de costurera;

y trabajadora entre el origen y el sueño,

en la distancia crepita el nombre en que te bautizaron,

y que es extensión de guitarra, y es luz de eucalipto

y es fruto oscurecido y es la voluntad de las manos en la greda.  

Parecido a un crucifijo en la tierra, echado, desnudo, puedo sentirte a lo lejos cómo subes en el cielo los volantines con enredaderas de julio,

y con trigo de día, y con trigo de noche,

muchos son los puños que los sostienen en lo alto, y desde luego,

y entonces, en tu alma se definen como de rosas dormidas

para que las habites tú, y seas tú quien colme desde ellas la gran pizarra de agua, que es la Argentina de piedra, la patria del Locro, de las coníferas, de la uva, de la Pampa sonora. 

A mi lado

la hierba se curva parpadeando, y me parece que en tu iris estuviera contenida, dirigida por entre raíces circulares, mientras que la tierra continúa con su propósito ya sin mí,

y no da tiempo para cambiarme las estaciones, sino tan sólo para describirel pájaro de agua que vive esperando su corazón cortado,

hallado inmenso, y como si sangrara entre las estrellas, con un tranquilo silencio verde.

Cierro mis ojos como si me acompañaras en los sueños de la mano,

y allí me quedo, olvidado, extraviado, empapado en el más profundo infinitoy juntos recorremos

la forma de los brotes colgando de los árboles, las nubes con sus cerezos crueles, cayendo en los edificios blancos, la fruta nocturna

del cemento en que florece la lluvia,porque en sueños o verdad,

la hierba pura tiene la dirección doblada, la determinación del Sur en sus hijos, donde las manecillas del gran reloj son misericordiosas, y vienen a buscarnos de pronto, para que no olvidemos que solamente juntos,

Ser

Es construir y devorarnos como una elegante metáfora, por siempre. 

Todo es tan diáfano, y es que en toda tu alma las cosas tienen una quemadura y un golpe de cisne que me dejan un rastro, un mensaje a los que vienen, a los que me leerán al nacer, y no dice más que tiempo,

más que sombras frías, y sueños, y espesuras, y minerales y agua y flores azules consumiéndose lentamente adentro de mi boca.

Un perro mueve su cola a los pies del universo, y las libélulas se pintaron las alas con clarividentes, porque el mundo hoy está muy claro.

 

Gonzalo Maire

 

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