Testigo de la historia

TOLOSA 

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Testigo de la historia

Las imagenes y documentación que integran esta sección fueron gentilmente cedidas por el investigador y coleccionista Juan A. Greco
 

 

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 Cuarenta años de Los Tolosanos

En ocasión de cumplir el Circulo Cultural Tolosano cuarenta años de existencia le fue obsequiado a mis padres, por el orador de esa noche el Rodolfo I. Dorna Machín, el texto completo de su discurso de aquella memorable noche del viernes 4 de marzo de 1966 del cual han sido extraídas las partes más importantes:

“Señor Presidente del Círculo Cultural Tolosano,
Señor Presidente de la Comisión de Festejos,
Señores integrantes de la Primera Comisión Directiva,
Señores Ex Presidentes,
Señoras, Señoritas, Señores:

En mi condición de primer Presidente del Círculo y Dedicatoria en el discurso del primer presidente.habiendo sido distinguido en otros tres períodos con idéntica designación, he sido amablemente invitado para hacer uso de mis expresiones en nombre de ese núcleo de entusiastas jóvenes, que hace cuatro décadas con el primitivo nombre del club Los Tolosanos, colocamos la piedra fundamental de ésta nuestra querida institución.

Las he confeccionado, robando horas a mí anhelado descanso anual, entre excursiones e invitaciones, en la próspera tierra del sol y del buen vino.

Al conjuro de esas magníficas sensaciones, así sentimos y nos estremecemos, los que hoy, con una especie de celestial regocijo, nos reunimos bajo el honorable techo del hijo del alma, nuestro segundo hogar..., porque la antorcha de aquel 27 de febrero de 1926, puesta siempre en dignísimas manos, sigue alumbrando..., afincados en este sector septentrional de la ciudad, que es nuestro terruño tolosano, canto a la laboriosidad y al progreso.

Humilde fue la cuna donde vio la luz, el incipiente organismo, sin otro calor que el de nuestro aliento y sin otro techo que el cielo. Nació bajo el auspicio de un animoso grupo de adolescentes, niños casi, que al compás del latir acelerado del corazón, cristalizamos en realidad, una aspiración largamente acariciada.

 

Fundar el club, con el propósito inicial de fomentar la práctica del fútbol, ...la firme confianza en nuestro idealismo y la fe indestructible que nos animaba verificó el milagro que, con este conjunto de jóvenes, clavadas nuestras pupilas en las constelaciones lejanas, desde la alcantarilla, lado Este, de 527 y 118, legásemos a la localidad y a la ciudad toda una institución de honrosa trayectoria deportiva, social y cultural.


Lo que ayer se plasmó en esa alcantarilla, ya ribetes de leyenda , hoy ha llegado a ser, por su organización, persona jurídica y por su dinámica, reconocida por numerosas entidades oficiales....

Configura un acto de estricta justicia, enumerar ahora, la nómina de quienes me acompañaron en esa gestión inicial:

Vicepresidente: Sr. Juan Corlatti
Secretario: Sr. Libertario Aguirre Bengoa
Pro Secretario: Sr. Manuel Iglesias
Tesorero: Sr. Julio Tessari
Vocales: Sres. Ángel Camacho, José Antonio Mazcazzini, Alberto Perrota y Oscar Pérez.

Nuestras primeras armas, las hicimos exclusivamente, en el orden futbolístico, de entrada, normas severas de economía, protegían nuestros magros ingresos.

Posteriormente, apiadado de nuestra orfandad, el padre de uno de nosotros, el señor Guillermo Aguirre Bengoa (tío del actual presidente) nos facilitó una habitación de material , en la antigua “Quinta chica” de 527 y 117 contar con techo y algunos modestísimos muebles, en lugar de la frialdad del riel, ya constituyó un paso sideral para nosotros.

El Dr. Dorna en los primeros años del club.Los señores Francisco Sust y Antonio Perrotta nos donaron con los colores blanco y negro, el primer juego de camisetas. Como exponente de gratitud, por ahí debe de andar algún sobre de correspondencia, con el primer nombre que llevaba su almacén: “Los Tolosanos”, al que nosotros agregamos, agradecidos, las iniciales de ambos benefactores, primeros Presidentes Honorarios..., He ahí la explicación de la para algunos, misteriosa sigla “Los Tolosanos S y P” y el porqué de sus colores.

Como en el terreno futbolístico, las viviendas empezaron a sucederse y el público, exitista siempre, iba en vertiginoso aumento, ya nos resultó pequeño, el campo primitivo, sito en 527 118 y 119 y nos mudamos a 526 y 118, propiedad de los acaudalados señores Naón de la Capital Federal, que nos cedieron en forma desinteresada, el uso de toda esa manzana.

Allí fue donde se incrementó nuestro potencial deportivo y luego de una serie triunfal de confrontaciones con equipos no afiliados, el club consiguió la anhelada afiliación a la Federación Amateurs Platense, en la División de Ascenso, denominada Segunda Libre.

A todo esto, vecinos conspicuos de la zona, fueron incorporándose, una vez vencida la prueba de fuego, a que equivalían los dos primeros años de ida, no sin cierta resistencia de nuestra parte, creíamos ver en ello, una amenaza de desplazamiento, dada nuestra condición de individuos casi imberbes.

Felizmente, todo se solucionó en forma diplomática, mediante la integración de una Comisión Directiva, diríamos, mixta de adolescentes y gente ya madura.

Otro paso importante en nuestra ascendente evolución, se lo debemos a la señora Juana Lampugnani de Turallas que, en un gesto que hizo época, nos cedió magnánimamente, para sede de nuestras reuniones de la C.D. su sala de recibo.

 

 

Luego, reuniones danzantes de singular predicamento en nuestro medio social con una seleccionada y extraordinaria concurrencia, que obligó a la contratación de trenes expresos hasta Punta Lara y la quinta de Don Valentín, dieron pronta jerarquía a la Institución en la sociedad de Tolosa.

Tengo a flor de labios, mil y una anécdotas más, de sabroso contenido, pero resuelvo archivarlas en un sitial sagrado de mi memoria, en mudo homenaje a vuestra indulgencia. La empresa se agigantó en la presidente del prestigioso Farmaceutico. Señor Carlos L. Alonso, la del señor Ernesto Montenegro.

Pasamos, pues, a militar en el círculo privilegiado. El campo de deportes de 526 y 118, tenía casilla y baños flamantes, pero carecía de alumbrado olímpico, requerido por los reglamentos federacionistas.

Pero el cielo nos dio una mano que jamás terminaremos de agradecer, quienes hemos hecho del deporte un oasis de felicidad y una pasión arrobadora, que ha de acompañarnos mientras subsista un latido en nuestro corazón.

A esa altura de nuestro desenvolvimiento, de acuerdo al acelerado ritmo del progreso evidenciado en todos los órdenes, la sede social había sido trasladada a la amplia casona de la calle 118 N° 375, propiedad de una familia tradicional de Tolosa: Doña Luisa Midon y sus hijos. Fue allí donde vivimos la euforia de la victoria, con su prolongada y bulliciosa celebración.

Como imágenes que hoy representan el concepto moral que, desde la más tierna edad, fue sólido pedestal de la institución, nombraré a doña Josefa Lampugnani de Turallas, ejemplo de desinterés, de tesón, de numerosas iniciativas y de finezas, que la convirtieron en Presidenta obligada de las primeras comisiones femeninas y en figura de relevantes perfiles, no sólo entre la masa societaria, sino en la localidad que nos cuenta en su seno, el señor Luis Mazcazzini, el señor Luis Angel Firpo de la Barra y primer tesorero del club, sinónimo de escrupulosidad y honradez.


Las tradicionales familias de añeja estirpe tolosana, como las de Perrotta, Aguirre Bengoa, Sust, Camacho, Miguens, Corlatti, Laborde, Lagomarsino, Botteri, Carballo, Tessari, Baccaro, Giampaolo, Rossi, Alonso, Novara, Pané y De María, a Don Marcelino Alonso, a doña Carlota Scarcheri de Alonso, su distinguida esposa, a Nicanor Iriarte, caballero del deporte, a Roberto Abrodos, el rey de la gambeta, hecho en el club, mimado del piberío del alambrado.

A los hermanos Carlos, Elio, Bartolo y Roberto Alonso, que hoy serían presas codiciosas para cualquier team profesional, a los defensores Isaac Jáuregui y Juan Salvador, a Juan Carlos Laborde, farmacéutico de prestigio, a Don Segundo Mizqui, a Quico Sust y al inglés Davis, creadores en nuestro medio del jugador N° 12, el primero de ellos fallecido como consecuencia de la euforia de un gol y para finalizar la lista, con el primer entrenador y director de Cultura física, el malogrado amigo Gregorio Lachas Díaz, de gesto adusto, pero de alma candorosa.

Pero en 1936, a diez años de su existencia, por esas continencia desagradables que también paladeamos en nuestras vidas, llegó el momento crítico. El fútbol, motivo vital de nuestros afanes y desvelos, absorbía tristemente, más entradas que las modestas arcas del Tesorero.

Con todo el dolor del alma – a la fuerza ahorcan- para o extinguirnos y desaparecer, resolvimos desafiliarnos de la Federación Amateurs Platense. Concomitantemente, surgieron síntomas de zozobra en el navío de nuestras ilusiones juveniles. Se vivió el momento crucial de vida o muerte, con amenazadores y negros nubarrones en el horizonte.

He nombrado a Luis Contarelli, hijo, pionero de las entidades de bien público de La Plata, a las que ha consagrado sus avasalladoras energías y la razón de ser en su vida ciudadana.

Es el poseedor del mérito, el que concibió la forma de conjurar el colapso, modificando substancialmente el rumbo de la nave. Secundado por un grupo de asociados tan reducido (éramos trece), como tenaz y jugándose el todo por el todo, se resolvió mudarse a la calle uno, la arteria céntrica de Tolosa, y alquilar la mansión señorial de los Campoamor, que es en la que hoy está ubicada la sede social, suprimir definitivamente, el fútbol –oh desgarro cruel- e imprimir nuevos rumbos al menguado organismo, inaugurando la era cultural, era la Universidad Popular, de la que fue lider indiscutible y abanderado, el señor Pablo Labombarda, de recordada memoria, el Dispensario de Lactantes, único en Tolosa, atendido por el Dr. Sribman y poco tiempo después, por el Dr. Luis Lavalle, a quien yo comprometí y que prosigue enhiesto, en su apostolado, en la actualidad.

Con el aporte valioso de doña Rita L. De Lagomarsino y un núcleo de distinguidas damas tolosanas, empezó a funcionar el Ropero del Bebé, para recién nacidos desamparados. Todas iniciativas de inmenso valor y de honda gravitación en nuestro medio social. Don Alfredo Lagomarsino y los suyos, en un generoso gesto, nos facilitaron en un primer momento, este terreno, en el cual se implantó la práctica del básquet y de las bochas, fuentes después de sólidos galardones en el deporte platense.

Se prosiguió con la práctica del juego-ciencia, que implanté en mi condición de entusiasta del Ajedrez, hace 36 años, en el ambiente del club.

Las soluciones heroicas trajeron como prevista derivación, el cambio de nombre del Club Los Tolosanos, por el de Círculo Cultural Tolosano, más acorde con su reestructuración y la ampliación de sus horizontes, que le confirieron su fisonomía actual.

Fueron medidas dignas para ese angustioso trance, algunas de carácter drástico, pero todas inspiradas en el afán de engrandecimiento que rindió los óptimos resultados de los que hoy somos dichosos testigos, sino relegamos al olvido que en la vieja casa de la calle 118, no nos alcanzaba el presupuesto, para abonar a Da. Luisa, los modestos treinta pesos, estipulados en el alquiler mensual.

Durante ese períodos, al graduarme como médico en la Capital Federal, en el mes de julio de 1936, me ví precisado a renunciar a la vicepresidencia, para ir a ejercer la profesión en la tierra hospitalaria y libérrima, la de las cuchillas pintorescas, la de las selvas montieleras, la patria chica del Supremo entrerriano, el Gral. Urquiza, en un alejamiento sólo material, ya que mi espíritu permaneció siempre rondando los pasos del bendito ex club de mis amores, a través de los seis años que me tornaron ciudadano entrerriano. Aquí, en familia, debo confesarles a ustedes, la razón de ese exilio voluntario mío.

Hitos importantes en la posterior evolución, fueron la obtención de la Personería Jurídica y la soñada adquisición de la sede social de la Avda. Uno, en el acto de cuya compra, se tuvo la exquisita gentileza, de exteriorizarme el júbilo reinante, mediante un telegrama que se me hizo llegar a mi domicilio de Entre Ríos con una celeridad y un gesto, que he de seguir agradeciendo , mientras Dios me dé vida. El bien costó la, por ese entonces, importante suma de $32.000.

Otros importantes peldaños en el patrimonio de nuestro acervo histórico, fueron: El haber conseguido ser beneficiarios de la Comisión de Bibliotecas Populares, la conquista nada menos que en cinco campeonatos anuales, del título máximo del básquet de La Plata, la resonante victoria alcanzada en Avellaneda, en el torneo abierto del Club Independiente, materializando la hazaña que parecía una utopía: ganar el torneo pese a la intervención como rivales de fuste, de lo más selecto del básquet porteño, la obtención de varios campeonatos, por los aguerridos bochófilos del círculo y la adjudicación de varios torneos por el equipo de ajedrecistas, todo ello, sin descuidar el promisorio semillero, de abundante cosecha, de las divisiones inferiores del básquet.

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Hasta que un día, por un azar feliz, llegó hasta nuestra casa, ese gran benefactor, cuya rápida desaparición, nos parece aún, una pesadilla nefasta: el señor Humberto Minoli, quien en poco tiempo y contando con el medo afectivo que él conocía muy bien, por haber transcurrido su infancia en esta localidad, fue llevado a la presidencia, en varios y sucesivos períodos. Esto es Historia fresca, señores. Bajo la paternal égida del señor Minoli, el Círculo alcanzó un ritmo de progreso extraordinario, que lo ha conducido hasta la altura que hoy lo distingue, entre las instituciones similares.

Vaya, asimismo, una palabra de admiración y justicia para el añejo luchador y secretario por antonomasia de la primera era, señor Jerónimo M. García, que durante años y años, en distintas C.D., se constituyó en un engranaje vital y que no conoció la fatiga, en su trajín abrumador y otra para mi querido amigo y activo secretario, señor Luis A. Camacho, también desaparecido hace poco tiempo, con quién coloqué más redes y marqué más veces con cal, en mi vida, las líneas que señala el reglamento de los campos de juego.

Como broche final de mi reseña, me complazco en hacerme eco del unánime reconocimiento y de nuestras más efusivas felicitaciones, el señor Presidente de la Comisión de Festejos, el destacado periodista y dilecto amigo, Osvaldo D. Tomatti, quien honra con su presencia nuestra Casa y ha dado lustre y jerarquía a la Comisión que he presidido, con el éxito del que esta noche, todos nos vanagloriamos.

Sólo en su alma de enamorado de las cosas lindas del deporte, que traduce semanalmente, para nuestro deleite, en las columnas de “El Día”, con el seudónimo de Mercurio, sinónimo de genio, madurez y chispa, del que somos fervientes lectores y en la fuente de inagotables energías, que le concede su condición de ilustre hijo de Ranchos, podemos encontrar nosotros, la explicación de cómo, pese a sus tareas absorbentes, como periodista, como comentarista deportivo número uno de la ciudad y como secretario de Redacción del decano del periodista platense se ha dado aún tiempo para poder invertirlo en organizar un acto como éste.

Pero señores, todo lo hermoso de un acto como éste y toda la imponencia que fluye de tanta evocación, resultarían pálidos y con mengua, sin el concurso de ese ser alado por la gracia, que torna bella nuestra existencia, virtuoso nuestro sufrir y florido nuestro pensamiento: la mujer, sueño de nuestra felicidad y manantial del afecto más puro de la tierra. Sin su concurso, nuestra obra, jamás hubiese alcanzado a erigirse en nuestro segundo hogar. Es que si bien el hombre se eleva por su inteligencia, por los adelantos técnicos y por el progreso de la ciencia, no es hombre, más que por su corazón”.


Tolosa, 4 de marzo de 1966.

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