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El sable de San Martín en el puerto de La Plata

Añoranzas de los Emigrantes

El Submarino del ingeniero Ricaldoni

La historia de la Basílica del Sagrado Corazón

Breve historia de la gaseosa en Argentina

“El tesoro arquitectónico platense”

Roberto G. Abrodos

Arco de entrada al Bosque

Quienes tienen genuina y ya añeja preocupación por el destino del patrimonio platense han recibido con franco alivio la normativa impuesta por la municipalidad en su momento, que dispone proteger los edificios patrimonialmente valiosos.

El lapso que transcurrió entre los tiempos fundacionales y el reconocimiento que incluyó formalmente los inmuebles al patrimonio arquitectónico de La Plata convirtió los testimonios de una riqueza urbanística, arquitectónica y cultural, en los escombros de una historia por demás desaprensiva.

La entrada al Bosque, que se levantó en la avenida 1 entre 51 y 53 hasta 1915, o el Tribunal de Cuentas y el ministerio de Gobierno (ubicados en la manzana del actual ministerio de Obras Públicas hasta 1963), son sólo algunos de los rastros fundacionales que la ciudad perdió.

Las demoliciones que a lo largo del tiempo fueron devastando la memoria arqui­tectónica de la ciudad, encontraron un límite en el reconocimiento que hizo el Municipio con muy buen criterio, con el propósito de ampliar los cuidados de casas particulares que hasta ese momento estaban expuestos a perderse. Así, se seleccionaron una cantidad importante de inmuebles que, por su valor arquitectónico, ya no podrán ser demolidas ni modificadas sin el consentimiento de la Comuna.

Una cantidad importante de construcciones, entre fundacionales y otras más modernas, que le imprimen un trazo de encanto y calidad a las calles platenses, son el tesoro que la ciudad aún conserva para las generaciones presentes y futuras. Viviendas neocoloniales, eclécticas, racionalistas, afrancesadas, de estilo italianizante, y varios edificios públicos que marcan estilo, son las postales más fieles del pasado y el futuro de la capital de la Provincia.

Se conservan y en muchos casos, por el esfuerzo y el cariño que le han puesto distintas generaciones de familias muy arraigadas a la ciudad en perfecto estado como auténticas postales de una incalculable riqueza arquitectónica. Algunas de ellas son la vivienda unifamiliar de 14 y diagonal 73, de tipo Petit Hotel (estilo afrancesado), el Banco Río , ubicado en 8 y 50 (estilo ecléctico), la casa de renta con comercio de 7 y 51 (estilo neocolonial).

Calle 7 y 51

Pero la lista no termina, una propiedad de la calle 54 en­tre 2 y 3; la vivienda de 3 entre 50 y 51, construida en 1929, período en el que se estaba consolidando el centro de la ciudad. También fue declarada patrimonio arquitectónico la torre multifamiliar de 7 y 51, donde actualmente funcionan oficinas.

Así, en un paseo virtual hacia el pasado de la ciudad, se pueden observar construcciones tales como la torre de la vieja casa Boo , en 12 y 58, o el edificio ubicado en la esquina de 2 y 45, que habría sido construido por el ingeniero Julio Barrios , el mismo que proyectó el Hotel Hermitage de Mar del Plata; también el palacio ubicado en la diagonal 80 entre 2 y 3; y el edificio de la diagonal 80 a la altura del Nº 1016, con ambientes luminosos, techos altos y un ascensor de la época que aún funciona en perfecto estado.

El inventario de los que aún están también abarca obras como La Curutchet , la única casa de Le Corbusier en toda Latinoamérica, que está ubicada en el boulevard 53, frente a la Plaza Rivadavia ; la casa del Doctor Balbín , en 49 entre 11 y 12; el edificio de donde hoy se encuentra Radio Provincia , en 11 y 53; la casa de la avenida 53, donde ésta empieza a convertirse en boulevard, que en la década del treinta fue considerada como una de las más modernas de la ciudad y medio siglo después sigue habitada por la misma familia que la construyó; el taller de los Minoli en 56 entre 1 y 2; el Paulista , de 7 y 51, bautizado así por un bar que ocupaba el local de su planta baja, que hoy tiene otro nombre y la casa de 43 entre 5 diagonal 74, construida por un español que quería que su propiedad reflejara las costumbres de la nobleza de su país.


La única casa de Le Corbusier en toda Latinoamérica

También engrosan la lista arquitectónica, el palacio en 5 y 46, construido por un empresario de la música; la casa de 12 y 55, de formas geométricas propio del Art Decó ; también la casa de 4 y 50, que es un ejemplo de la corriente neocolonial que que empezaba a gestarse a mediados de la década del diez; el caserón de la dia­gonal 79 entre 5 y 56, construido apenas diez años después de la fundación de nuestra ciudad; la casa sólida y señorial que hace más de medio siglo se levanta en 4 entre 58 y 59; el edificio de 7 y 55, construido en 1910 y la casa de 55 entre 14 y la diagonal 74, fiel reflejo del arribo de las tendencias modernas a la ciudad.

Es necesario no perder de vista la casilla donde Benoit realizó el trazado de la ciudad que se encuentra en la parte cerrada del parque Saavedra, antes de que la sigan agrediendo y se pierda para siempre como ocurrió con el chalet de madera que estaba a pocos metros que fue devorado por el fuego hace unos años.

Buscando una respuesta al triste fenómeno que a lo largo de un siglo fue devastando el pasado arquitectónico de nuestra ciudad, las miradas de los platenses apuntan a la desaprensiva piqueta de la demolición por un lado, y al paulatino abandono de propios y extraños por el otro.

Pero al margen de especulaciones y culpables, lo cierto es que La Plata fue viendo cómo desaparecían viejas y nobles construcciones de los tiempos fundacionales, que ahora sólo descansan en el recuerdo de unos pocos platenses memoriosos y en viejas fotografías que se conservan.

Es que la memoria requiere testimonios y los que quedan es necesario cuidarlos y agudizar el ingenio de manera tal que puedan congeniarse sin inconvenientes con el legítimo derecho de propiedad y la no menos justificada inquietud colectiva de que nuestra ciudad enaltezca su tan valioso pasado.


“Breve historia de la gaseosa en Argentina”


La gaseosa o bebida sin alcohol fueron muy populares en la década del 20 tenían mejor sabor que las sodas (o aguas carbonatadas), aunque en esa época no tenían el sabor de las de hoy, ya que se utilizaban para solucionar problemas estomacales reumatismo, infección de piel, etc.
El agua carbonatada era agua mineral con gas carbónico (dióxido carbónico) y fue descubierta por el químico Joseph Priesley allá por 1767 a los 34 años de edad en Inglaterra, pero recién en 1830 fue utilizada en gran estado en gran escala en los Estados Unidos cuando el Sr. John Mattews (un inmigrante inglés), abrió su negocio en Nueva York.
Al principio fueron envasadas en recipiente de cerámica o vasijas de gres hasta que a mediados del siglo XIX apareció un recipiente de vidrio denominada ”botella de vidrio soplado” y es el que con actualizaciones obvias en su fabricación, se utilizan hoy en día.

Las primeras botellas de gaseosa que aparecieron en nuestras pulperías fueron importadas de Inglaterra y Estados Unidos por lo que eran para taparlas con un corcho tipo bolita y fondo redondo las que provenían de Europa y tipo Hutchinson (las menos) y en las Hamilton (tipo huevo) las que provenían de los Estados Unidos.
Estas botellas a que hoy son tan coleccionables en el mundo, eran fabricadas en el país de origen para un determinado importador en la Argentina, por lo que muchas veces tenían escrito su nombre en la base o el lateral de la botella para poder reclamar la luego de ser vaciadas.

Las primeras botellas fueron fabricadas de a una, por medio de vidrio fundido y un fino tubo por medio del cual se soplaba la masa de vidrio líquido y se le iba dando forma luego se les extraía el tubo y se le pegaba por detrás a los efectos de pegarle el pico con una tira de vidrio, luego se le retiraba ese tubo dejando una cicatriz de su base de la cual se tiene mucha información para determinar su fecha de fabricación, procedencia, etc.

Luego en 1895 aproximadamente aparecen las primeras máquinas semi automáticas con las cuales se logró hacer mayor cantidad y con mejor calidad de terminación cómo podemos apreciar en las fotos de mismo mejores botellas.
Estas botellas se tapaban con un corcho que en algunos casos se aseguraba con un alambre o con un resorte común el caso de los cierres inventados por Putnam en 1859 a los efectos de contener en forma adecuada las aguas gaseosas.
Otro tipo de botellas de envasado eran las Tipo Huevo o Torpedo que fueron inventados por William Hutchinson en 1810 en Dublín pero que no fueron masivamente utilizados en nuestro país hasta 1840. Estas tenían la ventaja que por tener esa forma de huevo no se podían parar en forma vertical, forzando al líquido permanecer siempre en contacto con el corcho haciendo que éste se hinche y no permita el ingreso de aire o pérdida de líquido. Luego en 1870 se patento la tipo Huevo con base plana que se podía utilizar en forma vertical u horizontal.
Un tipo de botella muy utilizada en los Estados Unidos a fines del siglo XIX fue la llamada Hutchinson que fue inventada por William Hutchinson en 1879, aunque no fue muy utilizada en nuestro país. Era una botella cilíndrica con cuello corto y pico redondo que poseía un tapón o cierre compuesto por marco de goma y un alambre que cerraba por presión del agua carbonatada o gaseosa contra la base inferior del pico. Este cierre fue usado hasta 1915 ya que fue prohibido en Estados Unidos por ser insalubre (era difícil de higienizar).

Este fue el primer envase utilizado por John Pemberton para comercializar su famoso jarabe denominado posteriormente Coca-Cola en los años 80 para combatir dolores de cabeza y estomacales.


La llamado botella Bolita.

Un envase que fue muy utilizado en Argentina, fue inventado por Hirám Cood, en Inglaterra en 1872 llamado botella Bolita en nuestro país por tener una dentro de su pico. Esta sellaba con un aro de goma que poseía la parte inferior del pico que a su vez tenía una traba en el vidrio para el descanso de la bolita al momento de servir la bebida sin alcohol. Las hubo de diversos colores (verde claro y oscuro, trasparentes y marrones y con diversos nombres escritos en relieve de importadores o fabricantes locales (en su base o sus laterales).

Estos hermosos envases fueron prohibidos a quien la Argentina en la década del 30 por ser antihigiénicos, por lo que se recompensaba con $1 de la época por cada una de las bolitas que se entregaban al estado nacional con el fin de que se rompieran las botellas y no pudiera ser reutilizadas.

Actualmente hay una fábrica en Japón que aun las comercializa para envases para envasar gaseosas y otras en Estados Unidos que hace réplicas de las antiguas botellas inglesas.

Finalmente llegan a las botellas denominadas pico largo que comenzó fabricar la cristalería argentina allá por 1889 en la localidad de Berazategui Buenos Aires y la cristalería Papini en 1900 aproximadamente.

Luego hubo otras como Fides, Moya, Vallejos y Herrera, etc. de las que se desconoce fecha cierta de comienzo de fabricación. Estas se comenzaron a elaborar con la máquina semiautomática de Boucher en el año 1905 recién en 1920 se comienzan a utilizar las máquinas automáticas con grabados en relieve. Si bien hubo otras fábricas de menor importancia, la mayoría fueron realizadas por Rigolleau y Nueva Cristalería Papini. Hoy en nuestro país y en el mundo hay muchos coleccionista se botellas antiguas de diversos tipos (cerveza, leche, remedios, perfumes, vino, gaseosas, etc.) Por lo que mi idea es aportar algo para información de otros coleccionistas que junten o comiencen a juntar botellas.

Sergio Martínez Pintos

En verdad las imágenes son más que elocuentes, Sergio es un apasionado por el vidrio y por las botellas antiguas y raras y todo a lo que a ellas concierne su colección esta prolijamente ordenada, al mejor modo de los museos, tiene un libro de visita, donde los que lo visitan dejan sus impresiones.

Hay que decir también que el coleccionista recibe cualquier donación de botellas o elementos de vidrio, también cajones para embases o el dato donde se pudieran estas hallar. Cualquier información es bienvenida y si alguien tiene algún familiar con fotos de fabricas o embotelladoras son bien recibidar por Sergio.

Para comunicarse con el coleccionista hay que hacerlo escribiendo a smpintos@yahoo.com


“La historia de la Basílica del Sagrado Corazón”

por Claudia Alejandra Giglio


Juan Cagliero, vicario de don Bosco.

La historia comienza comienza muy cerca de la fundación de la ciudad, en 1885, cuando el párroco de la Iglesia San Ponciano invitó a los salesianos de Buenos Aires, misioneros de la congregación salesiana, que nació en el norte de Italia y fue fundada por  Juan Bosco (*), hoy san Juan Bosco, a crear un Colegio de Artes y Oficios.

Una vez en La Plata,  Juan Cagliero, vicario de don Bosco en Argentina,  y los padres Fagnano y Riccardi, fueron recibidos por el párroco de la iglesia San Ponciano que ya había quedado chica para las necesidades de la joven ciudad, y por el gobernador D´Amico y otros funcionarios del gobierno provincial, quienes les  propusieron hacerse cargo de una capilla de madera que estaba sobre calle 9 y 57 y que comenzaran a crear un Colegio de Artes y Oficios como el que ya tenía la congregación en el barrio de  Almagro.

Capilla de madera.

En 1886 ya daban clases en la capilla de madera que hacía de aula y el terreno que actualmente ocupa se les dio con la condición de que levantaran el Colegio. Con los años los salesianos compraron el terreno y fueron construyendo colegio y templo casi en simultáneo.

Procesión y vista del templo y campanario en construcción.

El templo tuvo su piedra fundacional el 10 de julio de 1898 y se inauguró en obra en 1902. Luego siguió creciendo por etapas con la ayuda económica  de feligreses y cooperadores salesianos  quienes fueron dotando al Templo de ornamentos de notable belleza y gran valor artístico entre los que se cuentan los frescos y pinturas que decoran las tres naves y el altar, el conjunto vitralístico, el órgano, la torre campanario del año 1913, la colección de reliquias, los altares laterales y el salón Teatro don Bosco de 1915 y reinaugurado en 2017 con una puesta en valor integral respetando lo heredado.

Antigua vista del interior.

En el interior se puede apreciar, en toda la ornamentación,  la mano de notables artistas argentinos y extranjeros, que han dejado su impronta no sólo en este templo sino también en la ciudad Buenos Aires y varias provincias del país. Todos con una biografía que deja claro el por qué de sus talentos ya que todos han sido alumnos de notables artistas, dejaron obras que hoy son destacadas como Patrimonio Cultural y están preservadas.

Visitas a cargo de la guia Sra. Claudia A. Giglio, el primer sabado de cada mes por la tarde.

Desde septiembre de 2017 se hacen regularmente Visitas Guiadas, cada primer sábado de mes donde se cuenta toda la Historia y el contexto de la llegada de los salesianos a La Plata;  se describe la Arquitectura típica del norte de Italia, se aprecian los detalles artísticos y se recorre varios recintos del Templo, finalizando en el Teatro donde se exhibe la antigua máquina de proyección de cintas cinematográficas  ya que este Teatro fue también cine de uso público y al igual que en esas épocas, hoy la ciudad recuperó una Sala histórica para el Teatro Independiente de la ciudad, siempre tan variado y valioso.

Vista actual del campanario y sala de teatro.

La Visita Guiada es también un homenaje a los  obreros italianos que tanto hicieron por esta ciudad y por lo cual el Senado distinguió a la ciudad como Capital del inmigrante italiano en 2017.

Actualmente, y desde hace 3 años, el Templo está siendo puesto en valor por etapas para preservar el Patrimonio heredado para que todos puedan disfrutar de su Arte.

Padre salesiano don Ernesto Vespignani.

Próxima está la puesta en valor de la Torre Campanario, cuyo plano y diseño corresponde al distinguido arquitecto y padre salesiano don Ernesto Vespignani. La torre cuenta con una historia muy colorida y digna de conocerse. Torre que fue durante muchos años el punto más alto de la ciudad, con su cruz de hierro iluminada con simples bombillas de luz, que como narra una crónica de época “era el último punto de la ciudad que el sol del ocaso besaba al irse”.

Don Bosco.

(*)don Bosco: sacerdote Italiano (Castelnuovo D Ásti, Turín 1815 – Turín 1888), creó  el llamado “método preventivo” para sacar a chicos vulnerables de la calle. Creó los Oratorios Festivos donde además de enseñarles catecismo, les daba comida con la ayuda de su madre y les enseñaba a leer y escribir y los orientaba en  oficios como sastrería, carpintería, zapatería, entre otros,  con los que defenderse en la vida. Muchos de sus chicos continuaron cerca de él como sacerdotes y más tarde serían los primeros misioneros en llegar a la Argentina, segunda Patria salesiana en el mundo.

Claudia Alejandra Giglio

Galería de Fotos

Bendición de piedra fundamental del monumento a Don Bosco, se encontraban presentes el Vicario Monseñor Claudio Bourdet y el gobernador de la provincia Valentin Vergara y su esposa. Año 1929.
Inauguración del Monumento a Don Bosco en 1930.
Desde arriba.
Otro aspecto de la inauguración.
Gobernador Vergara y comitiva llegando a la inauguración.
Público presente en la Diagonal 73 en la inauguración del monumento.
Sagrado Corazón por aquellos días.
Antes y después del campanario.

El sable de San Martín en el puerto de La Plata

General don. José de San Martín.

En su testamento, San Martín lo había expresado en forma incuestionable: “el sable que me ha acompañado en toda la guerra de la independencia del América del Sud, le será entregado al General de la República Argentina Don Juan Manuel de Rosas, como una prueba de la satisfacción que, como argentino he tenido al ver la firmeza con que ha sostenido el honor de la República, contra las injustas pretensiones de los extranjeros que trataban de humillarla”.

A todo esto, el sable estaba en poder de los descendientes directos de Don Juan Manuel de Rosas, cuando con fecha 5 de septiembre de 1896, inició Carranza director del Museo Histórico de la Nación, las gestiones, primero privadas y luego oficiales, que culminarían con la entrega de la gloriosa reliquia a las autoridades de la Nación.


Máximo Terrero esposo de Manuelita en su poder estaba la histórica pieza.


“Durante el largo período de gobierno que ejerció su señor padre en este país (le decía en su carta a Doña Manuela Rosas de Terrero), tocóle defender y mantener sus derechos e integridad comprometidos por la agresión de dos poderosas naciones europeas. Han pasado los años, se han calmado las pasiones que se agitaban en aquellos días, y hoy creo poder asegurarle que se ha hecho opinión general la que fue entonces por algunos resistida, y es que con su actitud salvó el honor de nuestra bandera y protestó bizarramente contra el proceder de la diplomacia extranjera”.
Y a continuación repetía las palabras del testamento del Libertador, y agregaba: “me permito solicitar que usted, con destino al Museo que dirijo, aquella espada redentora de un mundo, para que aquí, en el seno de la patria que le dio el ser pueda ser contemplada por los que habitan y sea en todo tiempo la que les inspire para defender la soberanía nacional, como en la ocasión que originó se la obsequiaran a su señor padre”.


Una nota oficial, en términos similares fue enviada, con fecha 20 de diciembre de aquel mismo año a don Máximo Terrero, hijo político de don Juan Manuel de Rosas, pero con fecha del 26 de noviembre, desde su residencia en el 30 de Belsiza Park Gardens, de Londres, doña Manuelita se había apresurado a contestar en los siguientes términos: “Oportunamente recibí su fina carta del 5 de setiembre último; la que es para mi esposo, para mí y nuestros hijos, tan interesante por la justicia que hace Ud. en ella a la actitud heroica con que mi lamentado padre General D. Juan Manuel de Rosas, durante su gobierno salvó el honor de nuestra bandera ultrajada por potencias extranjeras que trataban de humillarla.


Manuela de Rosas de Terrero

Por disposición testamentaria de mi padre, el sable que le fue legado por ilustre Capitán General D. José de San Martín, valiosísima prenda que con palabras gratas me pide usted destine al Museo Histórico Nacional de nuestro país, hoy pertenece a mi esposo y como fácilmente lo comprenderá Ud., mucho le cuesta a él, como a todos nosotros desprendernos de ella. Es ésta la razón por la demora de mi contestación a su pedido.

Al fin mi esposo, con la entera aprobación mía y de nuestros hijos, se ha decidido a donar a la Nación Argentina este Monumento de Gloria para ella, reconociendo que el verdadero hogar del sable del Libertador debiera ser el seno del país que libertó. Por lo tanto, puede Ud. Señor Carranza, contar con que al recibo del pedido oficial que Ud. ofrece, la contestación será el envío del sable. “Mandamos también los objetos históricos que pensamos serán de valer para el Museo Histórico Nacional. En unión con mi esposo y mis hijos saludamos a Ud, cordialmente y soy su atenta segura servidora, Manuela de Rosas de Terrero”.


Finalmente el 28 de febrero de 1897, el “Danube” llegó al puerto de La Plata. El gobierno nacional quiso poner una pausa para evitar que los honores al glorioso sable se le rindieran durante las fiestas de Carnaval.

El honor de recibir la pieza histórica le cupo a Ensenada el monolito lo recuerda.

Del puerto platense, el 4 de marzo zarpó la corbeta “La Argentina” y llegó al dique 3 del puerto Madero a las 13 hs. del día siguiente.
El presidente de la República, Dr. José E. Uriburu, recibió la espada de manos del señor Juan Ortiz de Rosas, que en su carácter de pariente de los donantes, pronunció algunas palabras y el primer magistrado respondió diciéndole “que recibía con patriótica emoción el sable del ilustre guerrero, que volvía a su legítimo dueño, el pueblo argentino”.

El Submarino del ingeniero Ricaldoni


Fue depositado en el museo que estaba entonces en el actual Jardín Botánico. Allí se labró nueva acta y los asistentes recibieron láminas y medallas conmemorativas. Así lo recuperó para la Patria el director del Museo Histórico Nacional, don Adolfo Carranza.


Tebaldo J. Ricaldoni

A comienzos del siglo, cierto día el doctor Dardo Rocha paseaba por la plaza Moreno (de la entonces treiteañera ciudad por él fundada) con un amigo, cuando acertó a pasar a su lado un hombre que llevaba dos niños de la mano. Rocha, señalándoselo a su acompañante, le dijo: “ese hombre podía habernos dado la supremacía en los mares…” La persona indicada era el ingeniero Tebaldo J. Ricaldoni. Este sabio inventor, que vivió en La Plata donde tiene descendientes directos, nació en Montevideo el 24 de mayo de 1865, hijo del italiano Pedro Ricaldoni y de Filomena Saroldi. A los 15 años se mudó a Buenos Aires, a la casa de Bartolomé Mitre, para poder cursar los estudios de ingeniería en la Universidad de Buenos Aires.

En el diario “La Prensa” de 1923 decía  “… El padre, que era muy amigo de Bartolomé Mitre, se lo encarga y lo envía a Buenos Aires. Se queda a vivir en la casa de Bartolomé Mitre, incluso tengo unos libros que Mitre le regaló. Yo devolví una parte de esos libros a la Biblioteca Mitre, porque esa había sido la orden de mi abuelo”.

Se habría recibido de ingeniero civil en la Facultad de Ciencias Exactas de Buenos Aires y, luego, “regresó al país de origen (y fue allí) nombrado vocal primero y subdirector después, de Obras Públicas. Dos años más tarde, por no querer enredarse en el tema del proyecto del puerto de Montevideo, presentado por Cudbill Son y Delungo, tuvo que abandonar la posición que se había formado y volvió a Buenos Aires, dispuesto a ejercer la ingeniería”.

En 1892 Ricaldoni comenzó a enseñar e investigar en el Colegio Nacional de Buenos Aires, bajo la dirección del Director reorganizador Balbín. Se lo destaca como docente ejemplar y entusiasta, dedicado al gabinete o a su taller particular. “…y estampó sus lecciones en textos numerosos que, si bien a veces fueron objetados por los verificadores pedagógicos, no tardaron en difundirse dentro y fuera de la República”. Allí trabajó treintena de años enseñando física y matemáticas.

Su familia la formó con su primera esposa Clara Ramos Mejía con quien tuvo dos hijos, Hugo y Alberto y, aunque Ricaldoni viajaba asiduamente a Buenos Aires, vivían en Montevideo. Posteriormente se divorció y se casó con Teresa Di Jorgi, con quien tuvo dos hijos: Marta y Jorge.

El ingeniero con uno de sus inventos a escala.

Ricaldoni, ya en 1899 había ganado fama local: el diario “El Día” de 1899 de nuestra ciudad lo describe como el Profesor de la Facultad de Matemática de Buenos Aires “cuyo nombre en los últimos días se ha repetido con elogio en los círculos científicos, con motivo de la reforma que ha introducido y que constituye un perfeccionamiento del aparato de Marconi, sobre telegrafía sin hilos”.

La revista “Caras y Caretas” de 1917 lo describe “Tiene un rostro plácido, la mano lealmente tendida, la voz convincente y reposada. Su casa es un templo verdadero de trabajo, es el retiro de un hombre de ciencia, cuya inteligencia lucha incesantemente contra los problemas arduos de sus inventos”.

La reputación ganada por Ricaldoni hizo que fuera incluído en el equipo de profesionales convocados para fundar la Universidad Nacional de La Plata. En efecto, J. V. González le encomendó la tarea de formar y dirigir el Instituto de Física de la UNLP primero en su género en el país. La Universidad puso a su disposición cuantiosos recursos para establecerlo, como lo prueba el hecho de que la primera compra de aparatos e instrumentos de demostración se elevó a la suma de pesos 74.000 moneda nacional. Los más de 2700 instrumentos que adquirió Ricaldoni para el Instituto de Física proceden de la firma alemana Max Kohl, de Chemnitz, y cubrían en forma nivelada todos los temas de la física de aquellos días. La calidad y la elección de los instrumentales fue por demás acertada ya que hoy los alberga el Museo de Física, sirviendo a fines pedagógicos en la actualidad.



Instituto de Física

El comienzo de las clases no fue alentador en el Instituto de Física, con planes de estudio que no tuvieron aprobación siquiera del Consejo Superior. Dificultades de espacio y desacuerdos políticos hicieron que el Instituto de Física no se pudiera situar bajo jurisdicción del Observatorio, así que se ubicó en el local de la calle 5 y 46, en una casa particular donde el espacio era muy reducido para el funcionamiento de los cursos prácticos.  A esto se le sumaron las variadas discrepancias entre el director del Observatorio y las demás autoridades, por lo que el Consejo Superior decidió reorganizar la facultad. González que lo había traído creyó que Ricaldoni no estaba en condiciones de avalar el comienzo del estudio de la física y la formación de un cuerpo conveniente de gente en la medida de lo que él deseaba. Hoy analizado a la distancia fue una lástima que por cuestiones de malicia se vio la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de La Plata despojada de un decano como Ricaldoni que por esa causa tuvo que presentar su renuncia.

Ricaldoni con sus alumnos.

Después de concluída su actuación como autoridad, continuó trabajando como Profesor Titular en la Escuela Superior de Ciencias Físicas, en las cátedras de Física General, Física Experimental, Meteorología y, hasta el momento de su muerte, titular de un curso de Física Especial. En su taller particular continuó desarrollando sus inventos, con ayuda de un mecánico alemán. Sus problemas para financiar los inventos parecieron tener un atisbo de solución en 1918, “debido a la espontánea y generosa ayuda del doctor Alejandro Gallinal, que me ha facilitado el capital necesario, [con el cual] podré vencer todos esos obstáculos” decía en (Caras y Caretas de 1918). Pero sus problemas financieros no parecen haber tenido solución, en enero de 1923 el Dr. Bard diputado, presentó un proyecto por el cual se daría a Ricaldoni un subsidio o jubilación extraordinaria para sacarlo de la miseria, pero la declinación fatal había comenzado ya para el gran maestro.

Finalmente del diario “El Día” anunciaba la triste noticia el 22 de setiembre de 1923, falleció “en el hotel Comercio, en que se alojaba a raíz de un síncope cardíaco, sobrevenido momentos antes”.

Sus inventos he investigaciones hablan por sí solos:

Reductor Ricaldoni

El reductor venía a cubrir la necesidad de cargar acumuladores y pilas para los experimentos en los gabinetes de física de las Escuelas Normales y Colegios Nacionales, y a evitar que se quemen instrumentos delicados por el uso de la “corriente industrial de alumbrado”. El Reductor Ricaldoni permitía obtener variaciones de potencial de 0 a 220 volts, y variaciones de corriente de 0 a 30 amperes. Consistía en una resistencia líquida que podía ser variada cambiando la distancia relativa entre los extremos del cable sumergidos en agua pura.

Panoramoscopio

El Panoramoscopio es un instrumento óptico telescópico que permite, elevándolo desde un submarino sumergido, ver simultáneamente los 360 grados del horizonte. En una primera versión de este invento, Ricaldoni lo instaló en una casilla en la terraza de su casa-taller en la esquina de 5 y 58. Allí llevó a algunos periodistas que se asombraron de la fidelidad de la visión. Según el diario “La Nación” de 1923 sería por este invento que la Academia de Ciencias de París le otorgó una mención honorífica.

Salvator

Este invento consiste en una boya de salvataje, esta boya salvavidas además forma parte de los “más de veinte inventos” que se incluyen en el submarino, pues puede dar aire a la nave sumergida. Con una luz alimentada desde los acumuladores del submarino, mangueras para suministrar aire al interior, manijas para agarrarse o manipularla, y dos bornes para establecer una comunicación Morse con los tripulantes. El mástil era a la vez una antena de recepción de telegrafía sin hilos para SOS. El invento incluía la elección de construirla en varias dimensiones, acorde a la embarcación en la que iba a ser usada, como en lanchas y botes.

Ornitóptero

Se trataba de una máquina de volar, que fue ideado y construido por Ricaldoni en el Instituto de Física de la UNLP. El primer modelo, ordinariamente construído, estaba accionado por un motor eléctrico de medio caballo, que pesaba 48 kilogramos. Todo el sistema, colocado sobre una báscula, pesaba 74 kilogramos. Puesto a funcionar, se logró una fuerza ascencional de 66 kilogramos, faltando pues algunos kilogramos para que el aparato quedara suspendido en el aire.

El submarino Ricaldoni

El 4 de agosto de 1917 decía a los cronistas: “Hacía años que venía estudiando la cuestión de los submarinos. El tema me atraía, y abrigaba la certeza de que el problema tenía solución.” “Estudié, trabajé sin descanso, y en 1928, persuadido de que mi problema está resuelto”, “consulté con varios amigos, los Ing. Emilio Mitre, Clérice, Duncan, Gonzalez y éstos me estimularon para que me presentase al Gobierno Nacional ofreciéndole mi invento.”

“El gobierno designó una comisión especial para estudiarlo. Durante 1893 la comisión estudió mi proyecto; se multiplicaron los informes, estableciéndose que mi submarino era una realidad práctica y científica. Luego la comisión se expidió y dijo: “…en nuestra Armada no sabríamos qué rol asignarle a un submarino… no hay necesidad de ocuparnos de submarinos”. “El tema se llevó a Diputados donde se votaron ciento cincuenta mil pesos oro para construir mi submarino, pasó al Senado, y el General Mitre pidió que se tomara en consideración. Pero fue archivado.”

“Más tarde construí un modelo, y realicé ensayos en presencia de periodistas, jefes militares y navales, técnicos, etcétera. Entre los que presenciaron aquellas pruebas se hallaba el Doctor Roque Sáenz Peña. Finalmente el proyecto cayó en el olvido.

Añoranzas de los Emigrantes

Roberto G. Abrodos

Después de la mitad del siglo XIX la Argentina cambió su perfil demográfico y social tras el arribo de gran cantidad de inmigrantes provenientes de Europa. De estos, la mayoría fueron italianos y españoles aunque también fueron importantes los árabes, fundamentalmente de El Líbano y Siria, los judíos de Europa oriental, alemanes, franceses, irlandeses, etc. Comenzado el arribo después de 1850, concluyó con una última remesa al término de la Segunda Guerra Mundial, específicamente entre 1948 y 1953.

Mis Padres bailando un tango.
Mis padres bailando un tango

Nuestra vida está impregnada de cosas de otros lugares. Para nosotros los españoles son los “gallegos”, los italianos son los “tanos”, los rusos son los “judíos” y a los armenios les decimos “turcos”. En nuestra comida prevalecen las preparaciones que trajeron nuestros abuelos europeos, es por eso que las distintas cocinas europeas van a desempeñar un papel trascendental en la nueva cocina argentina. La colonización de América, por parte de los españoles, hizo que la cocina ibérica, tuviera desde siempre una fuerte influencia, primero en las tierras del Río de la Plata y luego en la naciente Argentina. De hecho, la mayor parte de la población estaba conformada por nativos españoles y los criollos hijos de españoles nacidos en estas tierras. Crecimos comiendo guisos, puchero y tortilla de papas que son exquisitas herencias provenientes de la vieja España. También los postres como el pionono o los alfajores son el producto de la influencia de la cocina española. En cambio, en la gastronomía argentina con influencia italiana se destacan las pastas o fideos. Existen diversas clases de pastas, siendo las más comunes los tallarines con tuco y queso rallado. Suena a una comida típica italiana, pero lleva la variante de que los argentinos la consumen con pan blanco, algo que no haría un italiano promedio.

Mis padres eran hijos de inmigrantes, por parte de madre ingleses que vinieron con el ferrocarril, por el lado de mi padre, españoles.

Nuestra manera de hablar es una mezcla de mundos y lo que hace curioso al lunfardo es que no nació del castellano, sino de la mezcla de las lenguas de la inmigración, por ejemplo la “guita” es dinero, una “mina” es una mujer, una imitación barata es algo “trucho”, hacer algo mal es hacer una “macana”, si voy a trabajar voy al “laburo” que viene del idioma italiano, el “gil” es un tonto, “groso” es algo grande, importante y viene del portugués “grosso”. “Matina” es la mañana, del italiano “mattina”, la “yuta” o la “cana” es la policía, la primera del italiano, forma contracta de “yusta”, y se trata de una rioplatenización de la palaba italiana “giusta”, la giusta en Italia es quien lleva la justicia, un “pibe” es un niño, la “yeca” es calle al revés, “morfar” es comer del italiano “morfa” (boca), “chorro” es el que roba y así hay infinidad de términos que se van agregando y otros que quedan en desuso.

Nuestra música popular está matizada con la tristeza del inmigrante, letras de versos como “Mi viejo” que ilustra un típico inmigrante y dice en una parte  “Vino en el Comte Rosso, fue un espiro. Tres hijos, la mujer, a más un perro. Como un tungo tenaz la fue de tiro. Todo se la aguantó: hasta el destierro. Y aquí palmó… aquí está adormecido mi viejo el pobre tano laburante”.

Los tangos hablan de la pobreza, de la inmigración y en sus estrofas hay cantidad de palabras con orígenes diversos.

Pero en este pensar de hoy, de mis abuelos inmigrantes de ayer, que miedos habrán tenidos, ¿qué culpas?, ¡qué pena grande la del desarraigo! que tristeza, si uno se mueve unos kilómetros y ya extraña. El dolor de no pertenecer por ir a un lugar desconocido produce tristeza, ¿qué hubiera hecho yo en su lugar? Es casi imposible imaginarlo hay tiempos e idiosincrasias diferentes, no obstante el ejercicio puede resultar aleccionador, yo no creo que toda tristeza sea derrumbe, yo no me dejaría habitar por la tristeza que es natural, yo le daría abrigo, un razonable alojamiento para convertirla en energía luego, pero eso lo digo yo hoy sentado escribiendo.

Pero a mi abuela le dijeron sus conocidas “vas a Sudamérica allí hay indios, no vas a tener gas y con tres chicos a la costilla” en cambio mi abuelo era su trabajo y era cumplir una orden, ir al destino y manejar una máquina de ferrocarril allá por 1905 cuando el ferrocarril era de los ingleses, primero vino mi abuelo se ubicó y después mi abuela con mi mamá, y mis tres tíos.

Pónganse un poco en el lugar de esta mujer y de este hombre ingleses que conservaban sus tradiciones y su patriotismo, mi abuelo en la primera guerra pidió ser incorporado y no lo aceptaron por la edad. Los argentinos somos de cargar (de burlarnos): mi madre y mi tía sufrieron mucho eso, mi tía era pelirroja y mi madre tenía el pelo rubio ceniza, pero así se las arreglaron para pelear siendo niñas, ir a la escuela y no entender nada y aprender a la fuerza el idioma, con los años lo padecí en carne propia y los entendí un poco más, pero lo mío era turismo, ellos venían al “nuevo mundo” a un país inmensamente grande, con muchos españoles e italianos.

Estos últimos tienen su historia de trabajo en nuestra ciudad, la hicieron grande y hermosa porque eran mayoría, algunos vinieron con familia y otros solos hay un tango que lo ilustra muy especialmente, se titula “La canción del inmigrante” y dice;  “Esta noche tengo pena, Canta y llora cuore mío, A la mamma dije: “Adío…” Pero nunca regresé. Sol de Nápoles… lontano… Mare azurro… sueño verte. Pero el barco de mi suerte amarró en el bodegón”.

Las historias de los itálicos son las más presentes en mi vida, compañeros que he tenido que todavía conservaban la tonada y yo llegué a quererlos, porque saben en el fondo somos todos iguales. Uno me dijo, “Roberto la soledad es hermosa cuando tenés a quien contársela”, no las entendí inmediatamente era muchacho, debo confesar que las aprendí andando el tiempo. Los italianos eran muy trabajadores, confieso que muchos descendientes no aprendieron nada de ellos, por suerte muchos sí. Tartaglia se llamaba mi compañero, primero trabajó en los tranvías allá por el cincuenta y algo, en el año 1966 por esas ingratitudes del destino sacaron ese magnífico transporte que no contaminaba que era democrático y así vino a trabajar a la imprenta y fue mi compañero.

El “Tano” era mecánico y venía a tomar mate conmigo “me contaba las historia de la segunda guerra, él era un niño y cayó un avión alemán cerca de su casa y el mayor de sus hermanos, tomó como una broma una ametralladora de la nave siniestrada con su piloto muerto, la broma terminó mal para la familia, le quitaron toda la cosecha de ese año. Recordaba el buen hombre a su mamá con afecto, le había ido bien aquí, pero había trabajado muchísimo, dejaba el trabajo a las tres de la tarde y descansaba un poco y a la noche construía su casa alumbrándose con una lámpara.

Organillero

Los españoles eran muy consecuentes, el  “gallego” Eduardo excelente persona cuando no bebía, arreglaba máquinas de escribir, pero de mañana muy temprano ya tenía varias ginebras encima, también fue con quien compartíamos a veces las horas, no me gustaban los borrachos, pero recuerdo que para escribirle a su madre me contaba que tenía que poner en el sobre “Vigo, Porriño  y Pontevedra” esto allá por el año 1966. Los inmigrantes que yo conocí eran gente buena, parecían como bonachones, acostumbrados o resignados, no lo sé. Conocí a la negra Ana, aclaro que es una mujer de color, lo explico porque los del Buenos Aires eran afectos a llamar “negro o negra” en forma cariñosa, el negro le decíamos a Jorge mi compañero de máquina. Ana trabajaba en la encuadernación el sector donde más mujeres había en la imprenta, era de Cabo Verde, tengo un libro que ella me encuadernó con cuerina roja.

Solamente tengo buenos recuerdos de los inmigrantes, aprendimos de ellos, nos enseñaron todo, aquí hay lugares que se parecen a Madrid, a ciertas calles de Roma y en otros casos a Paris porque los constructores levantaban los edificios con su saber de origen.

Pienso que el tema de los que vienen de otro lugar tiene que ver con la libertad, las teorías sobre la libertad abruman los libros de filosofía. Para algunos la libertad es autodeterminación, ausencia de límites y condiciones, debe ser muy triste no poder ir a donde uno desea y a la vez como el migrante, que no es libre, porque está preso en el recuerdo de lo que dejó. He visto la tristeza en venezolanos que son muy apreciados hoy aquí, yo acostumbro a preguntar, la mitad de lo poco que se es de preguntar, con mi esposa en una tienda a una empleada venezolana conversadora le pregunté por su familia, y con un suspiro húmedo en sus ojos nos dijo “allá quedaron”.  


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